El cineasta chino Lou Ye

El cineasta chino Lou Ye

Lou Ye (Shanghai, 1965) ha regresado a Cannes. En 2006 el Gobierno de China obligó al festival a retirar Summer Palace de la competición. Con su nueva película, ‘Spring Fever’, tampoco le resultará fácil esquivar la férrea censura china tanto por su forma como su fondo.

Aunque ha sido acogida con frialdad por los críticos que asistieron a la Sala Debussy, Spring Fever tiene algunos momentos espléndidamente logrados. Los primeros minutos, con una escena sexual entre dos hombres, es suficiente para que ponga los pelos de punta a más de un censor. Los personajes que vemos en pantalla están enamorados, pero deben de ocultar su relación a la esposa de uno de ellos. Spring Fever está  llevada con tono intermitente; muy acertado por momentos, y flojo en otros. Acierta al mostrarnos modos de vida de la China actual, con sus bares cada vez más occidentales y personajes urbanos pegados a los teléfonos móviles. Pero al mismo tiempo logra esa belleza poética, sobre todo en esos momentos en los que se reproduce un bello poema de 1923 (que da título a la película).

El festival está comenzando, aún hay mucho por delante.

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Face, de Tsai Ming

Face, de Tsai Ming

La reflexión sobre la salud del cine asiático recobra fuerza si observamos la lista de películas seleccionadas para el próximo festival de cine de Cannes. 42 cintas competirán entre la Selección Oficial y Una cierta mirada. Diez de ellas (cinco en cada concurso) son producto de países asiáticos como China, Filipinas, Hong Kong, Tailandia, Japón y Corea. Es muy pronto para afirmarlo, pero creo que éste será el año del regreso de Asia al palmarés. La última película asiática que se llevó la Palma de Oro fue la japonesa Unagi (Shoei Imamura), que compartió el galardón con El sabor de la cereza (Abbas Kiarostami), en 1997.

El presidente del festival, el incombustible Gilles Jacob, razona en una suculenta nota el por qué del revival del cine asiático en la ribera francesa. El texto es una apasionada defensa del cine de autor, una idea que todos los cineastas franceses buscan sin importar todos los batacazos que se lleven en la taquilla –la maldita taquilla- . “Hay una corriente emergente –la anglosajona- que señala que el cine de autor ha muerto y que sólo existe el filme objeto”, dice Jacob.

Por primera vez en su existencia el festival tendrá una cinta de animación como apertura. Y eso no es todo, Up (Pete Docter, EEUU) obligará a todos los espectadores a ser vista con anteojos de 3-D. Se trata de un hito para que no importa mucho a su presidente. Jacob cree que el Cine no existe de forma definitiva actualmente ni lo hará en un futuro cercano, pero de aproximarse  “será anunciado por el gong de un país del este, cercano o lejano”.

Tres películas asiáticas despiertan tanta curiosidad como Inglourious Basterds, de Quentin Tarantino. Lou Ye regresa con Fiebre de primavera a la Selección Oficial, después de que el gobierno chino retirara Palacio de verano de la competición en 2006. El padre de Oldboy, Park Chan-wook, se apunta a la fiebre vampiresca con Thrist (Sed), que ha cobrado fuerza tras Crepúsculo y la serie televisiva True Blood para contar la historia de un hombre que se convierte en un ser nocturno.


Pero son Johnnie To (Election), uno de los más destacados exponentes del estilo visual hongkonés y el malaisio, Ming Lian Tsai (El agujero), quienes asistirán como los niños mimados de la patria francesa. Ambos presentarán películas coproducidas por Francia. To utiliza como actor al icónico rockero galo Johnny Hallyday en Vengeance, en una película que promete épica. Con Visages, Tsai ha rodado un homenaje a François Truffaut en el museo de Louvre utilizando a Jeanne Moreau, Fanny Ardant y Laetitia Casta.

Jacob dice en su texto que la nueva generación de directores del este ” no obedecen a formas, leyes o tradiciones… nunca agotan sus ideas visuales”. Ya veremos si Isabelle Huppert y el resto del jurado premian esta nueva visión.